

La noche en la Kabah tenía ese silencio espeso, cuando un “soldado caído” vio lo impensable: su mujer, la que juró amor eterno entre promesas y selfies, cruzaba la entrada del motel Kamawa montada en una moto ajena, abrazada a un misterio con casco. El corazón se le hizo trizas, pero no se quebró en privado: marcó al 911 y soltó la mentira más desesperada: “¡La están privando de su libertad!”, como si el engaño doliera menos si llegaba con patrullas y reflectores.
Los policías llegaron, los curiosos también, y la escena se volvió teatro, el motel, como testigo mudo, seguía cobrando por hora mientras afuera se cobraba por orgullo. Esa noche, más que una infidelidad, se exhibió una caída sin red, un amor que se estrelló contra el pavimento de la realidad.
Fue anoche cuando las autoridades fueron alertadas del supuesto delito sobre la avenida Kabah, en la región 226, pero al arribar los oficiales se encontraron con que todo se trataba de un problema pasional.
El agraviado lo reporto al 911 como una privación de la libertad de una mujer, cuando en realidad solo se sintió derrotado, al ver que su media naranja entraba al sitio para disfrutarse con otra persona.
Ante lo ocurrido los oficiales verificaron y al confirmar, solo se retiraron no sin antes dialogar con el afectado, pero más tarde la damisela salió cubierta y se subió al caballito de acero de su romeo y se retiraron en paz.
Las cosas pasan por algo y lo más seguros para el este soldado caído vendrá cosas mejores solo falta que se recupere y continúe.
