“No me importa lo que diga la ONU”. La frase del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, volvió a cobrar fuerza en el escenario internacional en medio de la crisis venezolana desatada tras la captura de Nicolás Maduro y la creciente confrontación diplomática entre Washington y los organismos multilaterales.

La expresión, lejos de ser aislada, se ha convertido en un símbolo de una política exterior estadounidense cada vez más desafiante frente a Naciones Unidas.

El resurgimiento de esta declaración coincide con un momento especialmente delicado, en el que la ONU ha emitido llamados a respetar el derecho internacional y ha cuestionado algunos de los argumentos utilizados por Estados Unidos para justificar su postura sobre Venezuela. Informes técnicos del sistema de Naciones Unidas, en particular de la Oficina contra la Droga y el Delito, han sido reiteradamente desestimados por altos funcionarios estadounidenses, lo que ha profundizado el distanciamiento entre ambas partes.

Analistas internacionales sostienen que el problema va más allá de una discrepancia sobre datos o diagnósticos. Señalan que desacreditar públicamente a la ONU implica enviar un mensaje político que erosiona el rol del multilateralismo como espacio de mediación y resolución de conflictos, especialmente en contextos de alta tensión geopolítica como el que atraviesa actualmente Venezuela.

La tensión también se ha reflejado en el seno del Consejo de Seguridad, donde varios países —incluidos algunos aliados de Estados Unidos— defendieron el valor de los informes técnicos de Naciones Unidas y advirtieron que su deslegitimación pública debilita la confianza en el sistema internacional. Para estos gobiernos, ignorar los canales multilaterales puede sentar precedentes difíciles de revertir.

Desde la ONU, el secretario general António Guterres ha reiterado que cualquier acción vinculada a Venezuela debe ajustarse a la Carta de las Naciones Unidas y al derecho internacional. Ha expresado además su preocupación por el impacto regional de las decisiones unilaterales y por el precedente que se genera cuando se marginan los marcos multilaterales creados precisamente para gestionar crisis complejas.

En América Latina, la reaparición de la frase de Rubio ha sido interpretada como una señal inquietante. Especialistas en relaciones internacionales advierten que este tipo de mensajes no solo influye en la coyuntura venezolana, sino que refuerza la percepción de que el multilateralismo puede ser descartado cuando entra en conflicto con los intereses de las grandes potencias, reavivando viejos temores en una región marcada por intervenciones externas.

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